From the South Florida Sun-Sentinel

El caso Antonini mantiene en un hilo a la prensa

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Por Mauricio Llaver

El Sentinel
Una oscura línea une por estos días destinos tan disímiles como Miami, Fort Lauderdale, Caracas y Buenos Aires. Estos puntos geográficos tienen algo que ver con un escándalo de muchos nombres, que en su capítulo argentino se denomina "El caso Antonini" o "Valijagate".

Se trata del juicio que se realiza en Miami a Guido Alejandro Antonini Wilson, un venezolano ligado al poder chavista que, entre otros oficios, trasladaba dinero de su país de manera informal, por así decirlo. Antonini ingresó en Buenos Aires en agosto de 2007 con una valija cargada con $800,000 que fue descubierta por la policía aeronáutica. Más tarde (luego de salir tranquilamente de Argentina), en un restaurante de Las Olas Boulevard, Antonini grabó secretamente conversaciones con agentes venezolanos tras un acuerdo con el FBI.

Pero eso es casi nada de la historia.

El "Caso Antonini" está consumiendo mucha prensa en Argentina. Los diarios y canales de TV tienen enviados especiales en Miami y, ante cada declaración, inmediatamente se busca la repercusión local, en donde invariablemente el oficialismo habla de "conspiración" y la oposición exige investigar.

No es para menos, ya que el nudo del asunto (para Argentina) es la acusación de que los $800,000 estaban destinados a la campaña electoral de la actual presidenta, Cristina Fernández de Kirshner. A lo cual se suman hechos como que Antonini ingresó a Buenos Aires en un avión alquilado por un organismo del Estado argentino, acompañado por funcionarios del gobierno de este país. Y que aparentemente (eso se trata de determinar en Miami) hasta estuvo en la propia Casa de Gobierno después de que le incautaran su valija.

Ni hablar de otros interrogantes, como que aparentemente en el avión no venían sólo $800,000 sino $5 millones (o seis, según otra versión). O que ante el descubrimiento de la valija, el funcionario argentino (Claudio Uberti) le habría ofrecido a Antonini regalarle la mitad del dinero y favorecerlo con cuotas de exportaciones de carne.

Cada día que pasa, las sospechas aumentan. Y si bien no hay encuestas al respecto, es difícil encontrar a algún argentino que no piense que hay gato encerrado en el asunto.

Las pruebas empíricas de que algo raro pasó son muchas e indesmentibles. Y el propio gobierno argentino se enreda en contradicciones notables. Como que exige la extradición de Antonini para juzgarlo, después de que lo dejó ir tranquilamente. O defiende a su funcionario Uberti diciendo que no tuvo nada que ver, y apenas estalló el escándalo lo había hecho renunciar (¿quién hace renunciar a un inocente? ¿y qué hacía en ese avión?).

El episodio de Antonini no por casualidad se produjo durante una visita oficial de Hugo Chávez, tan acostumbrado a venir que ya se perdió la cuenta de la cantidad de veces que lo hizo. Y también se da en un contexto muy presente en la prensa argentina, que es el hecho de que existe una relación "especial" entre los gobiernos de los Kirchner y el caudillo venezolano, que no sólo incluye vuelos turbios en aviones alquilados sino hasta una centralización de decisiones en algunos funcionarios por fuera de los carriles diplomáticos normales.

La relación de "los K" y Chávez es tan singular que durante algunos años fue prácticamente el único prestamista internacional del país, luego de que éste pagó su deuda al Fondo Monetario Internacional. Hasta el mes pasado, en que Chávez nos cobró una tasa brutal del 15 por ciento anual y por aquí se dieron cuenta de que podía ser tan descarnado como cualquier broker de Wall Street (que hoy no están en su mejor momento, pero eso es otro tema).

La gran pregunta de la relación Argentina-Venezuela y del Caso Antonini se cae de madura: ¿Hasta dónde llegarán las revelaciones? ¿En qué terminará todo esto? Junto con la crisis del capitalismo financiero, es el gran culebrón del momento.

Puede comunicarse con Mauricio Llaver a comentarios@elsentinel.com

Mauricio Llaver

Columnista

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