From the South Florida Sun-Sentinel
El eje de Venezuela, Irán y Rusia
4 de octubre, 2008
Poco se ha dicho de Venezuela o de América Latina en las elecciones a la presidencia de Estados Unidos.
Oímos una mención de Venezuela en voz del candidato demócrata Barack Obama, que si mal no recuerdo dijo que Irán, Cuba y Venezuela eran tres países pequeños que no presentaban mayor peligro a la seguridad de los estadounidenses.
También el candidato republicano John McCain mencionó brevemente a Venezuela en el primer debate presidencial.
¿Qué pasaría, sin embargo, si agregáramos a este binomio a Rusia, un país que con la ayuda de su nueva riqueza petrolera vuelve a tener ambiciones de hegemonía a nivel mundial?
Por supuesto que no debemos exagerar. Siempre debe primar el sentido común. No estamos a punto de ver el comienzo de una nueva "guerra fría". Es demasiado apresurado decir eso. Lo que si podemos afirmar, sin embargo, es que después de los recientes acuerdos firmados por Rusia y Venezuela, los problemas de nuestro continente ya no son ni pequeños, ni aislados, ni sencillos de resolver. Son bastante más complicados ahora.
Hay que considerar que en las últimas semanas Venezuela ha aceptado que:
• Rusia utilice sus bases aéreas para que dos poderosos aviones con capacidad para llevar una carga nuclear para demostrar su nuevo poderío estratégico a nivel mundial, y en particular demostrarlo en el Hemisferio Occidental.
• Comprarle cerca de $4 mil millones en armamento fabricado en Rusia. Eso incluye la adquisición de decenas de helicópteros, 100,000 rifles Kalashnikov, 24 aviones casa-bombarderos Sukhoi 30, uno de los aviones de más avanzada tecnología en el mundo.
• La flota rusa, incluyendo al crucero nuclear Pedro el Grande, participe en ejercicios navales en el Mar Caribe junto con elementos de la armada venezolana. Ya salieron de su base el Mar Báltico cuatro barcos rusos con más de mil marineros a bordo.
• Rusia ayuda a los venezolanos a desarrollar un programa de "energía nuclear" para uso no bélico. De hacerlo, Venezuela se convertiría en otro país más con capacidad de utilizar la energía nuclear para uso pacífico, o si así lo quisiera, para uso militar.
A esta mezcla ahora debemos agregarle el deseo que tiene el gobernante venezolano, Hugo Chávez, de unirse al club de naciones con capacidades nucleares. Por su parte, a Rusia lo único que le interesa es venderle armamento y tecnología nuclear a Venezuela, de igual manera que ya lo hace con Irán.
Por supuesto que de hecho las tres naciones tienen un pacto no escrito de convertirse en un "mini" cartel petrolero que presione a la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) a mantener lo más alto posible el precio del petróleo a nivel mundial.
Con todos ingredientes ahora podemos hacer un buen cocido. Lo único que tenemos que hacer es dejar que se cueza a fuego lento por varios meses. El menjurje que sale de todo esto puede crearle serios problemas a Estados Unidos, al actual presidente George W. Bush, al candidato que gane las elecciones de noviembre y al partido que obtenga la mayoría absoluta en la Cámara de Representantes y el Senado.
La revista inglesa The Economist llegó a una conclusión sencilla e inevitable: "No importa si le gusta o no, el próximo Presidente de Estados Unidos va a tener que prestarle más atención a los países al sur de su frontera".
Envíe su opinión a comentarios@elsentinel.com
Guillermo Martínez
Columnista
Oímos una mención de Venezuela en voz del candidato demócrata Barack Obama, que si mal no recuerdo dijo que Irán, Cuba y Venezuela eran tres países pequeños que no presentaban mayor peligro a la seguridad de los estadounidenses.
También el candidato republicano John McCain mencionó brevemente a Venezuela en el primer debate presidencial.
¿Qué pasaría, sin embargo, si agregáramos a este binomio a Rusia, un país que con la ayuda de su nueva riqueza petrolera vuelve a tener ambiciones de hegemonía a nivel mundial?
Por supuesto que no debemos exagerar. Siempre debe primar el sentido común. No estamos a punto de ver el comienzo de una nueva "guerra fría". Es demasiado apresurado decir eso. Lo que si podemos afirmar, sin embargo, es que después de los recientes acuerdos firmados por Rusia y Venezuela, los problemas de nuestro continente ya no son ni pequeños, ni aislados, ni sencillos de resolver. Son bastante más complicados ahora.
Hay que considerar que en las últimas semanas Venezuela ha aceptado que:
• Rusia utilice sus bases aéreas para que dos poderosos aviones con capacidad para llevar una carga nuclear para demostrar su nuevo poderío estratégico a nivel mundial, y en particular demostrarlo en el Hemisferio Occidental.
• Comprarle cerca de $4 mil millones en armamento fabricado en Rusia. Eso incluye la adquisición de decenas de helicópteros, 100,000 rifles Kalashnikov, 24 aviones casa-bombarderos Sukhoi 30, uno de los aviones de más avanzada tecnología en el mundo.
• La flota rusa, incluyendo al crucero nuclear Pedro el Grande, participe en ejercicios navales en el Mar Caribe junto con elementos de la armada venezolana. Ya salieron de su base el Mar Báltico cuatro barcos rusos con más de mil marineros a bordo.
• Rusia ayuda a los venezolanos a desarrollar un programa de "energía nuclear" para uso no bélico. De hacerlo, Venezuela se convertiría en otro país más con capacidad de utilizar la energía nuclear para uso pacífico, o si así lo quisiera, para uso militar.
A esta mezcla ahora debemos agregarle el deseo que tiene el gobernante venezolano, Hugo Chávez, de unirse al club de naciones con capacidades nucleares. Por su parte, a Rusia lo único que le interesa es venderle armamento y tecnología nuclear a Venezuela, de igual manera que ya lo hace con Irán.
Por supuesto que de hecho las tres naciones tienen un pacto no escrito de convertirse en un "mini" cartel petrolero que presione a la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) a mantener lo más alto posible el precio del petróleo a nivel mundial.
Con todos ingredientes ahora podemos hacer un buen cocido. Lo único que tenemos que hacer es dejar que se cueza a fuego lento por varios meses. El menjurje que sale de todo esto puede crearle serios problemas a Estados Unidos, al actual presidente George W. Bush, al candidato que gane las elecciones de noviembre y al partido que obtenga la mayoría absoluta en la Cámara de Representantes y el Senado.
La revista inglesa The Economist llegó a una conclusión sencilla e inevitable: "No importa si le gusta o no, el próximo Presidente de Estados Unidos va a tener que prestarle más atención a los países al sur de su frontera".
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Guillermo Martínez
Columnista
Copyright © 2008, South Florida Sun-Sentinel