From the South Florida Sun-Sentinel
La libertad individual de los verdaderos patriotas
30 de agosto, 2008
Tres imágenes de los Juegos Olímpicos de Beijing me dan vueltas en la cabeza: la de Becky Hammon, una estadounidense de cepa, obteniendo la medalla de bronce con el equipo ruso de baloncesto femenino; la de Liang Chow, el entrenador chino del equipo estadounidense de gimnasia femenina, abrazando a su pupila Shawn Johnson, cuando ganó la medalla de oro en la barra de equilibrio tras derrotar a una competidora china; y la de Kobe Bryant, el astro de la NBA, hablando con los corresponsales de la televisión europea en italiano y español.
El año pasado, Hammon, una jugadora de las Silver Stars de San Antonio que a los 30 años sabía que ésta sería su última oportunidad de alcanzar la gloria olímpica, se enteró de que no formaría parte de la selección estadounidense. Mientras jugaba para el CSKA de Moscú durante el receso de la liga norteamericana, le ofrecieron la ciudadanía rusa para que pudiese incorporarse la selección de ese país (también retuvo la estadounidense.) Era la única manera de competir en Beijing y, sin detenerse en cuestiones políticas, aprovechó la oportunidad.
Hammon fue vilipendiada por muchas personas del mundo del deporte, incluida Anne Donovan, la entrenadora del equipo norteamericano de baloncesto, quien sostuvo que "no era una patriota".
La decisión de Hammon contiene un mensaje moral. Nos enseña que la soberanía individual es un espacio que ninguna fuerza colectiva debe violar. Invocar argumentos nacionalistas para condenar a una muchacha que persigue un sueño sin perjudicar a nadie es situar a la soberanía nacional por encima de la individual.
Esa tradición estadounidense también permitió a Chow, un ex campeón chino de gimnasia que llegó a Estados Unidos en 1990, dirigir al equipo norteamericano de gimnasia femenina contra el plantel de China en su país natal y ante miles de sus compatriotas. Alentar, felicitar o consolar a sus pupilas estadounidenses en Beijing como si nada le importase más en el mundo no fue un acto de traición a China. Fue una lección de libertad individual. Y luego está Kobe Bryant hablando con la prensa europea en italiano, idioma que aprendió mientras crecía en Italia, y en español, que su compañero Pau Gasol en Los Angeles Lakers lo está ayudando a aprender. Lo hace en un momento en el que fuertes corrientes nacionalistas en Estados Unidos influyen en el debate público, expresadas de distinta forma: el sentimiento anti-inmigrante, la reacción proteccionista contra la globalización, la controversia por los antecedentes multiculturales del candidato Barack Obama.
¿Es Bryant menos estadounidense por el hecho de reivindicar parte de su herencia cultural expresándose en una de las dos lenguas con las que creció? Vayan y díganselo a los millones de estadounidenses que aplaudieron la victoria sobre España con la que la estrella de la NBA y el equipo de norteamericano obtuvieron la presea dorada.
Pese a las mejores intenciones del Barón de Coubertin, el aristócrata francés a quien se atribuye el mérito de haber logrado el resurgimiento de los Juegos Olímpicos en el siglo 19, la competencia internacional tiene tanto que ver con el nacionalismo colectivista como con la fraternidad universal. Cualquier acto individual, aunque sea pequeño, que derrumbe una barrera nacionalista durante las Olimpíadas debe ser celebrado pues ayuda a restaurar el verdadero significado de los juegos.
En "Salut au Monde," uno de los poemas de Hojas de Hierba, Walt Whitman escribió: "Contemplo condiciones, colores, barbaries, civilizaciones, deambulo entre ellas, me mezclo indiscriminadamente, y saludo a todos los habitantes de la tierra". Ese es el espíritu con el que Hammon, Chow y Bryant nos dieron algo para recordar.
Alvaro Vargas Llosa es director del Centro Para la Prosperidad Global en el Independent Institute y su columna se distribuye por The Washington Post Writers Group.
Envíe su opinión a comentarios@elsentinel.com
Alvaro Vargas Llosa
El año pasado, Hammon, una jugadora de las Silver Stars de San Antonio que a los 30 años sabía que ésta sería su última oportunidad de alcanzar la gloria olímpica, se enteró de que no formaría parte de la selección estadounidense. Mientras jugaba para el CSKA de Moscú durante el receso de la liga norteamericana, le ofrecieron la ciudadanía rusa para que pudiese incorporarse la selección de ese país (también retuvo la estadounidense.) Era la única manera de competir en Beijing y, sin detenerse en cuestiones políticas, aprovechó la oportunidad.
Hammon fue vilipendiada por muchas personas del mundo del deporte, incluida Anne Donovan, la entrenadora del equipo norteamericano de baloncesto, quien sostuvo que "no era una patriota".
La decisión de Hammon contiene un mensaje moral. Nos enseña que la soberanía individual es un espacio que ninguna fuerza colectiva debe violar. Invocar argumentos nacionalistas para condenar a una muchacha que persigue un sueño sin perjudicar a nadie es situar a la soberanía nacional por encima de la individual.
Esa tradición estadounidense también permitió a Chow, un ex campeón chino de gimnasia que llegó a Estados Unidos en 1990, dirigir al equipo norteamericano de gimnasia femenina contra el plantel de China en su país natal y ante miles de sus compatriotas. Alentar, felicitar o consolar a sus pupilas estadounidenses en Beijing como si nada le importase más en el mundo no fue un acto de traición a China. Fue una lección de libertad individual. Y luego está Kobe Bryant hablando con la prensa europea en italiano, idioma que aprendió mientras crecía en Italia, y en español, que su compañero Pau Gasol en Los Angeles Lakers lo está ayudando a aprender. Lo hace en un momento en el que fuertes corrientes nacionalistas en Estados Unidos influyen en el debate público, expresadas de distinta forma: el sentimiento anti-inmigrante, la reacción proteccionista contra la globalización, la controversia por los antecedentes multiculturales del candidato Barack Obama.
¿Es Bryant menos estadounidense por el hecho de reivindicar parte de su herencia cultural expresándose en una de las dos lenguas con las que creció? Vayan y díganselo a los millones de estadounidenses que aplaudieron la victoria sobre España con la que la estrella de la NBA y el equipo de norteamericano obtuvieron la presea dorada.
Pese a las mejores intenciones del Barón de Coubertin, el aristócrata francés a quien se atribuye el mérito de haber logrado el resurgimiento de los Juegos Olímpicos en el siglo 19, la competencia internacional tiene tanto que ver con el nacionalismo colectivista como con la fraternidad universal. Cualquier acto individual, aunque sea pequeño, que derrumbe una barrera nacionalista durante las Olimpíadas debe ser celebrado pues ayuda a restaurar el verdadero significado de los juegos.
En "Salut au Monde," uno de los poemas de Hojas de Hierba, Walt Whitman escribió: "Contemplo condiciones, colores, barbaries, civilizaciones, deambulo entre ellas, me mezclo indiscriminadamente, y saludo a todos los habitantes de la tierra". Ese es el espíritu con el que Hammon, Chow y Bryant nos dieron algo para recordar.
Alvaro Vargas Llosa es director del Centro Para la Prosperidad Global en el Independent Institute y su columna se distribuye por The Washington Post Writers Group.
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Alvaro Vargas Llosa
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